Gerardo Lucas: Desaprender lo aprendido
- 23 sept 2024
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septiembre 23 2024, 5:37 am
Los que tuvimos la suerte de estudiar en la Facultad de Economía de la Universidad Central de Venezuela, durante los turbulentos años sesenta, contamos con una excelente plantilla de motivados profesores, que, curiosamente, en su gran mayoría, tenían una inclinación ideológica marxista. Entre ellos recordamos a Domingo Felipe Maza Zavala, Héctor Silva Michelena, Armando Córdoba, Orlando Araujo, Domingo Alberto Rangel, Pedro Mejía Alarcón, por mencionar solo algunos. De sus aulas salieron encomiables economistas como Emeterio Gómez, quien ganó amplia fama, se decía que él había leído y estudiado todos los tomos de El Capital de Marx, aunque con el tiempo los consideró más novela que ciencia.
Esa seducción que ejercía la doctrina marxista durante los sesenta no era nueva. Ya en los años 20, durante el gomecismo, las ideas socialistas habían permeado en las mentes de la que sería conocida como la generación del 28, entre quienes destacaban Raúl Leoni, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Miguel Otero Silva, y por supuesto Gustavo Machado, y a corta distancia, a Rafael Caldera, quien la mezclaría con la Doctrina Social de la Iglesia y el Rerum novarum, primera Encíclica social de la Iglesia de León XIII, de 1891, sobre la situación de los obreros.
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La influencia de este pensamiento en la mentalidad de los fundadores de la naciente democracia venezolana tendría profundos efectos, no necesariamente positivos. En el primer gobierno adeco (1945-1948), y luego, en el perézjimenista, fusionando el ideario marxista con la doctrina colonial española, que sostenía que son propiedad del estado las riquezas del subsuelo, en consecuencia, se impusieron límites al sector privado para la explotación de los recursos naturales, el petróleo, las minas de oro, diamantes, el hierro, el aluminio y metales no preciosos, exceptuando su uso como concesión del Estado. Aquí coincidieron las ideas monárquicas y marxistas.
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