Gerardo Lucas: Inflación programada
- 21 jul 2025
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julio 21 2025, 7:27 am
Nuevamente el espectro inflacionario perturba la tranquilidad del venezolano. En esta ocasión, podemos llamarla inflación programada ya que hemos constatado que el gobierno ha aprendido algo de economía y, en consecuencia, está tratando de programar y dirigir la inflación de acuerdo con las exigencias de su déficit fiscal, y no dejar, como solía, que el mercado imponga el ritmo.
Nos explicamos. Una vez que Estados Unidos suspende las licencias para operar en Venezuela a un conjunto de empresas trasnacionales (Chevron, Eni, Repsol, Maurel & Prom y las operadoras Halliburton, Schlumberger, Baker Hughes y Weatherford International) la producción petrolera en lugar de incrementarse, como lo ha hecho hasta ahora, inevitablemente bajará. Al bajar la producción, el fisco recibirá menos dólares por impuestos, lo que implicaría un mayor déficit fiscal en el manejo del presupuesto público.
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Para financiar el creciente déficit fiscal, en bolívares, el gobierno debe vender dólares en el mercado, pero como tendrá menos dólares para vender los va a vender al precio de un bolívar cada vez más devaluado. Esto lo está haciendo de manera planificada.
En la práctica es legítimo decir que la inflación o la pérdida de poder adquisitivo, en última instancia del bolívar, es un impuesto que, unido al IVA, al Impuesto sobre la Renta y los demás, ayudan a financiar al fisco nacional.
La devaluación del bolívar BCV frente al dólar durante el mes de junio (cuando se presenta la restricción petrolera) fue de 645 céntimos de bolívar por día de anuncio oficial. El bolívar pasó de 97,149 b/d a 107,624 b/d. En lo que va de julio, la devaluación ha sido de 823 céntimos de bolívar diario, pasando de 107,624 b/d a 119,145 al 18 de julio 2025. Los últimos tres días el aumento diario ha sido de 1.100 céntimos día.
Por otra parte, el mercado privado se maneja con un dólar libre no oficial que difiere entre 20 y 30 céntimos, por encima del oficial y tiene su propia dinámica en función del nivel de confianza o desconfianza que tenga el público en un momento dado.
Como bien sabemos, debido a estas circunstancias, la devaluación tiene tendencia creciente y no encontramos razonamientos que puedan pronosticar un cambio de dirección. El ejecutivo podría palear esta situación disminuyendo el gasto público, reduciendo fundamentalmente al personal, que es su principal componente. La otra es mermar, en términos nominales, aún más, los ingresos de los asalariados y pensionados. No hay una solución fácil.
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