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Gerardo Lucas

Gerardo Lucas: Raspando la olla

  • 17 jun 2024
  • 2 min de lectura

junio 17 2024, 5:20 am


El gobierno nacional en su búsqueda desesperada de nuevas fuentes de recursos, está raspando la olla. A partir del 2017, encontró una nueva y lucrativa fuente de divisas, la chatarra.

El Ministerio PP para Ecosocialismo y Aguas creó, en el 2017, el Sistema para Gestión de Chatarra (Sigechat), con el propósito de “formalizar” a las personas que se dedican a la recolección de chatarra ferrosa (hierro y acero) y no ferrosa (aluminio, zinc, níquel, cobre y bronce), así como de residuos metálicos. Simultáneamente, registraron la Corporación Ecosocialista Ezequiel Zamora (Corpoez), con su principales centros de acopio en Puerto Cabello y Guanta, bajo la dirección, al mejor estilo cubano, de un militar, un general de División. Nominalmente, el principio rector de la Corporación es la protección del ambiente.

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De seguidas, en 2018 el gobierno le dio carácter de “material estratégico” a la chatarra, con lo cual solo él podría ser comercializador y, gracias a esta medida, el comercio de chatarra se convirtió en monopolio gubernamental, tal como el petróleo por PDVSA.


En otros tiempos la chatarra era comprada por empresas como SIVENSA, que en sus hornos de Antímano, la transformaba en alambres y laminados de metal. Otras empresas más modestas, procesaban chatarra de aluminio para convertirlo en budares y otros utensilios. Hoy en día, Sivensa, expropiada y en manos del Estado, está paralizada.

La exportación de chatarra se convirtió en un gran negocio. De acuerdo con los cálculos de la ITC, en 2019 se exportó un promedio de 22 millones de dólares, este monto creció exponencialmente a 83 millones de dólares en 2020; a 652 millones de dólares en 2021 y a 647 millones de dólares en 2022. Los destinos principales son Turquía 404 millones, la India 85 millones, seguidos por Tailandia, España y China.


En la exportación de chatarra, el gobierno, a fin de evadir las restricciones impuestas al comercio de Venezuela por las sanciones norteamericanas, se vale de las criptomonedas. El precio internacional de la chatarra, dependiendo del material, oscila entre 300 y 700 dólares la tonelada, en el mercado local se adquiere entre 80 y 120 dólares la tonelada. Negocio redondo.


La recolección de chatarra ha promovido el negocio criminal del robo de productos metálicos, el desmantelamiento de las empresas básicas, instalaciones eléctricas, destrucción de galpones u otras estructuras, en gran escala, negocio criminal, que con los desperdicios metálicos usuales forman la base de la pirámide de la operación.

Hay que hacer énfasis en la pobreza del negocio, cuando el estado no ha sido capaz de exportar producto fundido como bloques, tuberías y láminas, y recurre al del menor valor agregado, chatarra, semejante a la exportación del petróleo crudo frente a los refinados.

El negocio de la chatarra alcanzará un límite, quizás ya lo hizo, el valor de la exportación de los dos últimos años ha permanecido igual.


Amanecerá y veremos.


 
 
 

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